El día que nací no fue ninguna
celebración. No hubo ni felicitaciones a mis padres por su nuevo bebé, ni
familiares que fueran a verme por vez primera. Sólo se podía oír el llanto de
mi padre al ver que su esposa había muerto al dar a luz.
Durante los siguientes ocho años,
únicamente recibí cariño por parte de mi tía. Nuca fui a la escuela, pues mi
padre siempre decía que era inútil, que nunca conseguiría aprender. Según él,
yo era una niña estúpida que no valía para nada.
Creo que aún no os he contado lo de mi
enfermedad. Padezco una insuficiencia cardíaca, por lo que dentro de poco me
tendrán que operar. Mi tía me ha dicho que no me preocupe, que mucha gente ha
logrado sobrevivir, pero yo no estoy tan segura. Cada vez que me dice esas
palabras puedo atisbar una pequeña lágrima recorriéndole la mejilla.
Últimamente, tengo que ir con más
frecuencia al médico. La última vez oí al doctor decirle a mi padre que, en cualquier
momento, tendría un paro cardíaco y tendría que ser ingresada.
No hay comentarios:
Publicar un comentario